Skip to main content
0

Educación sexual y gestión del estrés para aprender a vivir nuestra sexualidad con confianza y alegría. Emily Nagoski, autora del libro de lectura imprescindible Tal como eres, se basa en estos dos parámetros para enseñar a las mujeres a romper con la brecha orgásmica. Porque sí, este concepto existe: también en el sexo existe una brecha de género.

Sustentemos primero con cifras la realidad:

Según un estudio de la International Academy of Sex Research, en relaciones estables, los hombres (heterosexuales o homosexuales) alcanzan el clímax en el 85% de sus relaciones, las mujeres solo lo logran el 75% de las veces. Y esto cuando es con otra mujer: en una relación con un hombre, la cifra se reduce al 63%.
Y en relaciones esporádicas, de una sola noche, los hombres alcanzan el orgasmo en el 80% de las ocasiones y las mujeres en apenas el 40%.

Y ahora hablemos de Nagoski y de la explicación que da a esta abismal desigualdad de género en el placer femenino.

Emily Nagoski es psicóloga especializada en sexualidad. En su libro de divulgación científica rompe con un estigma: “En el siglo XX se creía que la sexualidad femenina era como la de los hombres pero «descafeinada», es decir, básicamente igual a la de ellos… pero no tan buena”. Y aquí la raíz del problema: la falta de investigación académica y científica acerca de cómo funciona el placer femenino afecta de manera directa al bienestar de las mujeres.

Nagoski, entonces, con un máster en Orientación, un doctorado en Conducta de la Salud y una amplia formación clínica y trabajos de investigación, se propone erradicar la brecha orgásmica con ciencia y divulgación.

 

Tipos de consentimientos

Ya nos hemos dado cuenta hace tiempo que el concepto ‘consentir’, cuando hablamos de relaciones sexuales, no resulta tan fácil de definir. Hay matices, siempre los hay, pero debemos superarlos para no caer en la trampa de dar por válidas relaciones en la que haya habido algún tipo de coerción.

Es por eso que aparece el concepto ‘consentimiento explícito’ o ‘conocimiento entusiasta’. Este es el de “solo sí es sí”, el que niega la posibilidad de malentendido porque siempre, y en todas las ocasiones, se debe tener un sí claro de la pareja sexual que valide la relación.
Esto es un avance: la ley de libertad sexual acaba con la peligrosa situación anterior en la que para dictaminar que un acto había sido agresión sexual hacía falta que hubiera habido violencia o intimidación.

Pero no es todo tan sencillo. Utilizar el concepto jurídico del consentimiento quizás no permite contemplar toda la complejidad y riqueza de las relaciones sexuales.

Emily Nagoski, por ejemplo, se pregunta qué pasa con las personas asexuales. Si estamos hablando de ‘consentimiento entusiasta’, las personas que no desean de manera entusiasta el sexo pueden sentirse excluidas. La palabra ‘entusiasta’ confunde, infunde cierta presión a las personas que quizás sienten deseo pero no atracción, o viceversa. ¿Qué hay que hacer, entonces? ¿Es o no es consentimiento?

Des de la teoría, Nagoski habla de una categorización del consentimiento que incluye todas las opciones y, a la vez, reflexiona sobre ella.

Dos categorías para consentimientos moral y legalmente aceptables:

Consentimiento entusiasta

Se otorga explícitamente porque existe un deseo; no se está condicionado en ningún caso por posibles consecuencias que pudieran derivarse de decir sí o no, y porque existe la convicción que decir no significaría perderse algo que se quiere.

Consentimiento voluntario

Se otorga porque existe la convicción que tendrá buen resultado y que nos arrepentiríamos si dijéramos que no, y se cree que el deseo puede surgir después de decir sí, ya que la persona nos importa aunque en este momento preciso no la deseemos.

 

Y dos categorías en las que debemos poner el término ‘consentimiento’ entre muchas comillas:

“Consentimiento” poco dispuesto

Se otorga porque valorando las posibles consecuencias, se tiene más miedo a decir no que a decir sí. En este caso, no solamente se siente una falta de deseo, sino que no se desea sentir deseo. Una puntualización muy importante. Y se otorga, también, porque existe la esperanza que diciendo que sí, nos quitemos de encima quien nos está molestando con tanto persuadir.

“Consentimiento” coaccionado

Se otorga por miedo, porque estamos recibiendo amenazas. Decir que sí significará experimentar algo terrorífico, pero decir que no puede provocar que nos hagan todavía más daño.

 

Puntualizaciones importantes

Hay quién puede pensar que hablar de consentimiento voluntario resulta redundante. El consentimiento ya lleva implícita la voluntad, en principio. Pero dado el momento social y legal que vivimos, en el que parece que hay personas que no entienden qué es realmente dar consentimiento a una relación sexual, Emily Nagoski ve necesaria ser redundante.

Por otra parte, Nagoski insiste en la importancia de entrecomillar el “consentimiento poco dispuesto” y el “consentimiento coaccionado”. De hecho, la propuesta sería hablar de “cumplimiento”, no de “consentimiento”. Se dice sí por cumplir y esquivar un daño aún mayor.

La autora, además, propone una quinta categoría: el consentimiento cauteloso.
Éste se da cuando una persona no está completamente segura de querer mantener relaciones sexuales, pero, a la vez y por iniciativa propia, decide seguir adelante para ver cómo va. Este consentimiento sería el que debería obligar a actuar como si el semáforo estuviera en ámbar; en cualquier momento puede ponerse en rojo o en verde.

Despierta tu energía
sexual femenina

Experimenta la revolución Mindful Sex que supone hacer de la sexualidad un proceso de evolución personal mediante la toma de consciencia de tu cuerpo y de tus valores logrando vivir el sexo desde tu centro.

×