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La práctica del Mindfulness para las situaciones de tensión

Podemos hacer una radiografía de la vida de una persona en una sociedad como la nuestra, la rutina sería: levantarse por la mañana, ducharse, tomar el desayuno,  ir al trabajo, comer, volver al trabajo, realizar una actividad (deportiva o ocio), realizar una actividad social, cenar, ver una película o serie e irse a dormir.

En resumen, se puede decir que vivimos en la sociedad del “hacer” y se ha llegado a un círculo “vicioso” donde se ha instaurado la obligación de estar durante todo el día haciendo actividades, sean profesionales o personales. El “hacer” es un signo de éxito, prosperidad, actividad, productividad, proactividad, en definitiva, hacer constantemente es aprovechar el tiempo, aprovechar el día.

Pero ¿“hacer” significa que realmente se es consciente de lo que se hace? 

La ruleta activa del “hacer” insistentemente durante todo el día ha terminado pasando factura. El estrés, la ansiedad y la tensión son consecuencias de esta actividad frenética.

El estrés no es malo en sí, pero siempre que sea un estrés mesurado y equilibrado. Cuando se convierte en algo habitual, que se alarga en el tiempo, entonces es cuando se convierte en un inconveniente.

Aumentan los niveles de cortisol (hormona que se libera como respuesta al estrés) y nuestro cuerpo empieza a mostrar problemas de salud.

Si se ha llegado a ese momento de estrés o se quiere prevenir, ahora es la ocasión de parar de “hacer” y empezar a “sentir”, sentir la vida, sentir el tiempo, sentir el momento, sentirte a ti.

La meditación tiene efectos neurológicos mensurables

Se ha demostrado que la meditación tiene efectos neurológicos mensurables en el cerebro, aumenta funciones cerebrales superiores, regiones de la corteza prefrontal y regula la actividad del cerebro del orden inferior.

Con ocho semanas de meditación continua cada día durante 30-40 minutos el cerebro empieza a manifestar cambios positivos.

El  Mindfulness es la herramienta para aprender a sentir, a parar y descubrir las sensaciones del día a día y, de ti como un yo único en un mundo frenético.

Mindfulness es la conciencia plena, es prestar atención precisa a lo que se está haciendo de una forma deliberada, sin juzgar, simplemente observando. Es la capacidad de permanecer en el presente tomando el control de la mente que tiene tendencia a dispersarse con pensamientos del pasado o el futuro.

El Mindfulness da perspectiva para reconocer que las conversaciones internas, las narraciones que se crean con una misma no dejan de ser relatos mentales terribles o tediosos. Relatos que no benefician a nadie.

Si bien el ser humano pasa a lo largo de su vida por el dolor, el sufrimiento, la rabia o el miedo, gracias a la práctica de Mindfulness cambia la forma de relacionarse con estas emociones.

Tal como escribió el neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl

 “Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos nosotros mismos”.

Las situaciones siguen estando ahí, pero la manera de afrontarlas, de relacionarse con ellas, solo una misma es quien tiene la libertad y el reto de elegir la actitud de cómo afrontarlas. En este momento es cuando habrá la oportunidad de conseguir un equilibrio emocional que ayudará a afrontar tensiones y ansiedades.

¿Cómo practicar Mindfulness?

La práctica del Mindfulness puede ser “informal” o “formal”. La práctica informal de conciencia plena puedes realizarla en cualquier momento, lugar o situación. Se realiza prestando atención consciente en actividades cotidianas que se realizan de forma automática, por ejemplo, al tomar una ducha, caminar de forma rutinaria, conducir, etc.

Esta práctica consiste en tomar conciencia plena cuando se realizan alguna de estas actividades, sin juzgarlas, simplemente observándolas.

Ser consciente del aquí y el ahora te hará cambiar el “hacer” por el “ser”.

Para realizar una práctica formal de Mindfulness necesitarás un lugar y tiempo adecuado, puesto que en esta ocasión tendrás que ser consciente de tu cuerpo, tu respiración y tus emociones.

Acéptate, comprométete contigo, cuida tu salud, descubre la oportunidad de mejora, de desarrollo personal, cultiva las relaciones efectivas.

Practica la alimentación consciente, descansa y escucha a tu cuerpo. Sé consciente de tu comunicación, fomenta la comunicación consciente, practica la escucha activa y la asertividad.

Equilibra tu “yo” con las relaciones sociales y el trabajo. Identifica los ladrones del tiempo y aprende a gestionarlos.

Con la práctica formal conseguirás cambiar la actitud a partir del autoconocimiento. 

La práctica de Mindfulness de forma regular te ayudará a sentir mayor equilibrio emocional. Aunque en un principio parece complicado lograr la conciencia plena, con la práctica diaria y la perseverancia se consigue ser dueño de los propios pensamientos y emociones.