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El deseo y el placer en nuestra sexualidad

En el mundo de la sexualidad existen muchas ideas preconcebidas.

Como afirmar, creer o pensar que sin deseo no puede existir el placer.

Es muy importante, para poder vivir una sexualidad plena, saber diferenciar entre el deseo y el placer.

El deseo es sentir interés y motivación hacia algo.

El placer es sentir goce o disfrute debido a algo.

El deseo es un futuro, el placer es un presente.

Podríamos pensar que deseando algo y consiguiéndolo, alcanzaremos siempre el placer, pero muchas veces lo que alcanzamos es muy distinto a lo proyectado, lo que puede conllevar sentir frustración, sensación de vacío, emociones que se alejan de la esperada felicidad por haber alcanzado lo deseado.

La influencia del pensamiento

“Si no tengo deseo, no puedo tener sexo”.

Puedes estar con la persona que quieres estar, puedes sentir todo el deseo que se puede sentir, pero no ser capaz de vivir el ‘aquí’ y el ‘ahora’, de liberarte de determinados pensamientos o de dejar de angustiarte per ciertas creencias irracionales, pueden impedirte alcanzar placer.

Mente y cuerpo están, íntimamente relacionados. La mente puede boicotear el placer que el cuerpo pueda estar sintiendo por mucho que el deseo esté activado.

Mindful Sex. Hacia una sexualidad más consciente

Nos puede suceder lo contrario, al no desear, desaparece la motivación para conectar con el placer.

Pero “el querer” puede activar el deseo y el placer. ¿Cómo? Dando un espacio y un tiempo a nuestra sexualidad, como si de un entrenamiento se tratara, con ello nuestro cerebro vuelve a recuperar  y activar “las ganas”, aumenta nuestro lívido y de nuevo se activa el deseo.

Causa que pueden desactivar el placer

  • Si se está especialmente obsesionado (u obsesionada) en alcanzar el orgasmo.
    Esta idea suele ser sinónimo de frustraciones. Porque no hay solamente dos grados de valoración sexual: el bueno y el malo. Hay todo un inmenso mar de matices en medio. Aquellas caricias placenteras, aquel haber podido estar a gusto, aquella sensación de relajación absoluta, aquel haberte sentido feliz al notar que tu pareja estaba gozando… Todo esto es, también, placer. Llegar al orgasmo es otro tipo de placer, pero no el único ni el único válido.
  • Si se lleva una mochila a cuestas que pesa demasiado.
    Las malas experiencias pueden dejar huella en tu memoria (física y mental) y dificultar el volver a ser capaz de dejarte llevar por el deseo hasta llegar al placer. La anticipación negativa genera ansiedad… y la ansiedad es enemiga del placer.

Conseguir desactivar este recuerdo dañino implica ser capaces de procesarlo, entenderlo, asimilarlo y aceptarlo.

Un proceso imprescindible.

  • Creer que solamente hay un tipo de sexo.
    Sobrevalorar el coito por encima de todas las demás posibles actividades. Una relación sexual ni empieza ni termina en la penetración. Un masaje puede ser una relación sexual placentera, una masturbación en pareja también, y otras tantas posibilidades.

Mindfulness sexual para sentar precedentes

La técnica de mindfulness consiste en llegar a ser capaces de conseguir una atención plena en aquello que estemos haciendo. Si hablamos de sexo, se tratará de entregarse a ello consciente y plenamente, centrándonos en el momento presente, en el ‘aquí’ y el ‘ahora’.

No pasa de un día para el otro, pero dominar la técnica del mindfulness sexual va a conllevar tener más fácilmente experiencias sexuales positivas. Porque de la misma manera que antes hemos mencionado que haber tenido una mala experiencia incrementa la probabilidad de que tu mente boicotee a tu cuerpo en ocasiones posteriores, el placer ocasionado por una conducta incrementa la probabilidad de su repetición.

Es importante tener presente que no puede ser una imposición, en ningún sentido, crear perspectivas puede generar presión, hemos de dejarnos llevar, tomar el placer a sorbos, sin prisa, sin exigencias, des del respecto y autorrespeto, gozando de cada caricia, beso, abriéndonos a todas las sensaciones.

Recordemos que nuestra sexualidad está en el cerebro. Es decir: tenemos la posibilidad de mejorarla.

Artículo de Emma Ribas

 

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