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No estamos acostumbrados a manejar conflictos. Mejor dicho: no estamos acostumbrados a los conflictos, directamente. Los percibimos como negativos, perjudiciales, y tendemos a rehuirlos a cualquier precio. Esto no es más que una reacción normal fruto del miedo, no nos han educado para gestionar problemas y muchas veces optamos por la solución más fácil: negarlos. No obstante, debemos entender que los conflictos son naturales, inevitables, incluso intrínsecos a nuestra condición de seres humanos. Y no solamente eso, los conflictos, además, pueden ser una oportunidad para mejorar.

Pasa en cualquier relación interpersonal, pero si nos fijamos en el ámbito de la pareja, los conflictos que puedan surgir entre los dos miembros, bien gestionados nos permitirán cambiar hábitos y mejorar la comunicación y, por tanto, nuestro bienestar.

En los procesos de coaching para parejas que quieren mejorar la comunicación, se suelen dar cinco pautas básicas para aprender a gestionar los conflictos y crecer con ellos:

PAUTA 1: Céntrate en lo que te gusta de tu pareja

Sabemos que la atención es selectiva: nos fijamos en determinadas cosas en detrimento de otras, muchas veces sin ser conscientes de ello. Pues bien, hay que tomar conciencia y fijarnos activamente en que nos gusta de la otra persona, en el que nos une, en vez de centrarnos en lo que nos diferencia.
Evidentemente, será inevitable que haya aspectos de la pareja que no nos gusten e incluso nos disgusten. En este caso, hay que expresar el sentimiento buscado siempre una fórmula positiva. Una crítica destructiva generará una postura defensiva por parte de la otra persona; en cambio, una crítica constructiva, permitirá un diálogo y la posibilidad de llegar a un consenso.

PAUTA 2: Expresa y escucha

Es habitual pensar que conoces tanto a tu pareja que ya sabes qué piensa, y que él o ella te conoce tanto a ti que ya sabe adivinar qué necesitas. Esto es falso, es pedir demasiado a la relación. Los sentimientos son cambiantes y si a menudo ni nosotros mismos sabemos explicar muy bien cómo nos sentimos, ¿qué va a saber la otra persona? Hay que aprender a explicar claramente qué sentimos y qué queremos o esperamos del otro, así como escuchar activamente lo que nos cuentan. Si no preguntamos abiertamente, no sabremos con certeza si estamos interpretando correctamente sus pensamientos y señales no verbales. Y cuando preguntamos, después hay que hacer una escucha activa. Incluso, contrastar que lo que hemos entendido es lo que nos ha querido decir.

PAUTA 3: No intentes convencer, el objetivo es llegar a un consenso

Ser una persona empática significa ser capaz de ponerse en el lugar del otro, sin juicios y con una voluntad clara de comprender y tener en cuenta sus sentimientos. En el ámbito de la pareja debemos procurar que la confianza y la convivencia no nos haga olvidar la necesidad de ser empáticos. Cuando damos nuestra opinión, no hay que buscar convencer a la otra persona para que cambie, piense o haga lo que queremos, sino intercambiar los argumentos para llegar a un consenso.
En algunos casos, no será nada fácil. La pareja puede tener puntos de vista muy opuestos en algunos temas. Entonces, habrá que tener paciencia.
Primero, acotar las discusiones. Esto es como en una reunión de trabajo: hay que marcar una hora límite. Si sabemos que vamos a hablar de un tema que generará discusiones interminables, marcar un tiempo límite. Nos ayudará a conseguirlo evitar mezclar varios temas en una misma discusión.
Segundo, ser realista. Tendremos que afrontar los desacuerdos de forma gradual y mirando qué puede aportar o cambiar cada miembro de la pareja que la discrepancia se convierta en acuerdo.
Y, por último, ir valorando el progreso. La vida en pareja es una carrera de fondo. Hay que cuidar las conversaciones, los gestos, los detalles y muestras de afecto, de forma diaria, en cada tramo de la carrera. Y tomar conciencia de los progresos que se hacen y que acercan a la pareja al resultado que busca: una vida en común feliz.

PAUTA 4: Supera el pasado

Sacar los trapos sucios no suele ser una buena idea en ninguna situación. Cualquier conflicto que haya ocurrido en el pasado ya no lo podemos cambiar; solamente nos queda la opción de aceptarlos y consensuar lo que necesitamos para poder cerrar el capítulo, mirando qué podemos hacer nosotros o que necesitamos pedir a la otra persona, de ahora hacia adelante. Y una vez hecho esto, centrarnos en el presente y soñar en el futuro.

PAUTA 5: Respeta, siempre

Quizás no debería ni tener que decirse, esta pauta. Pero es tan importante que conviene destacarla: hay que respetar a la pareja, siempre. Criticar de forma destructiva, insultar o amenazar a la pareja sólo sirve para restar felicidad. Y aquello de que las palabras se las lleva el viento, no siempre es verdad. Cuesta mucho reparar una falta de respeto, así que, sobretodo, evitémoslas.